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domingo, 3 de julio de 2011

Literatura

Algunos textos que fueron leídos:


Deseo
Un estomago que digiera los clavos que salen de tu boca,
eso quiero para navidad.
(Cynthia Gabrenja)

Semana anfibia
Peces sentados en fila esperan el baño de las 11. En la rejilla cayó un grano de arroz que no para de crecer hasta las diez y media. Fue interesante entender que no solo cayó sino que el día anterior había prometido no hacerlo y ese día no lo pensó dos veces. Caer a merced del agua de baño impregnada con el sudor de cientos de peces que compiten en las olimpiadas cada año, con sus pequeños trajes rosados y verdes. En el fondo cerca de la canilla se tiñe la piscina, con el movimiento de un paraguas que se abre, se forman rápidamente nuevos agujeros negros.
Y se hacen las 11 y se preparan de pie junto al borde. Cuentan hasta el numero que ellos desean y van corriendo hacia el abismo mas cercano.
Caen de pie, porque no saben que no los tienen.
Y en estos días, de días de no días sin sol, una escultura gigante crece, como un arroz hinchado sobre el azulejo numero 34.
Y brotan de a cientos, todos de pie, en filas rosadas y verdes, junto a la rejilla de mi baño.
Y sospecho que llegaron para quedarse.
(Cynthia Gabrenja)

También leyó Josefina...


Te voy a enseñar el punto arroz. Bueno. Lo mirás y depués seguis sola. Josefina. ¿Qué?. Mirá y después seguís sola. Me pierdo con los puntos y las agujas y los arroces y se me hacen nudos en la bufanda.
Respirá. Así no. Respirá profundo. Como cuando estas por llegar a Monte Hermoso y querés agarrar de una sola bocanda todas las tardes de la infancia. Respirá que hay eucaliptus en la entrada y olivillos en los médanos. Respirá. ¿Ves el camión del riego? Se está acercando a la casa del abuelo. Respirá y tejé Josefina y deja que los pensamientos pasen como la arena pasa como las tardes pasan, soltá la boca, soltá los pelos, dejá que el abuelo pase y salude, dejálo seguir, dejá la casa, la vereda, las facturas de la mañana soltálos con un silbido, soltálos cantando. Es que se me cansan los dedos y se doblan como los tuyos. Quizás. Mirá tu bufanda... ya salió a la puerta, dejála que sola se teja, que sola se anude, pero no sueltes las agujas, confía en la mano, en la panza globito de aire. Este invierno va a ser frío, dejános abrigarte.
(Josefina Recio)

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